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Ivan Allué se ha convertido en un referente del periodismo musical tanto por su trabajo en Metalcry.com como por sus libros, que abarcan desde el ensayo hasta la biografía. A raíz de la reseña que hicimos de “Pura Vida: la historia de Ktulu”, nos pusimos en contacto con su autor y hoy tenemos el placer de conversar con él.

Hola Iván, gracias por charlar un rato con nosotros y enhorabuena por ese “Pura vida: la historia de Ktulu”. Es la tercera vez que dedicas uno de tus libros a una banda o solista en concreto (la primera fue Sangtraït y después Rob Zombie). Aparte del gusto personal, ¿qué es lo que te decide a abordar la biografía de un artista?

Muy buenas, José… es un placer responder a tus preguntas. Como bien dices, ante todo está mi predilección por esos artistas, ya que, para hacer un buen trabajo o por lo menos estar cómodo haciéndolo, es esencial sentir admiración por su obra. En segundo lugar, me decido a abordar la biografía de un artista cuando hay un vacío en el mercado. Si me apetece escribir sobre un grupo y, además, no hay un trabajo previo o sí pero está incompleto, pues me pongo manos a la obra.

Más allá de casos concretos como Barón Rojo o Héroes del Silencio, no estamos acostumbrados a ver biografías escritas de los grupos de rock españoles. Bandas contemporáneas a Ktulu, como S.A, Def con Dos, o Hamlet (por citar algunos), nunca han sido objeto de un trabajo de investigación plasmado en papel. ¿A qué crees que se debe? ¿Dificultad de mercado, falta de interés del público?

Interesante pregunta. Yo creo que la razón principal es simplemente el poco interés del público. Ponerse a leer requiere unos hábitos que no todo el mundo posee. A la hora de leer somos muy perezosos, porque la lectura necesita toda nuestra atención, sin embargo, escuchar un disco lo puedes hacer mientras estás limpiando el polvo, cocinando, conduciendo, en el gimnasio… Entonces, la falta de interés deriva en la dificultad de mercado. Un editor no apostará nunca por un libro si no considera que ese grupo genera interés. Héroes del Silencio, aunque tengan mucho material escrito, son caballo ganador. Si lo presentas con una portada decente, una buena maquetación y algunas fotos inéditas, el libro se venderá solo. Apuesto a que mucha gente se lo ha comprado, o se lo han regalado, simplemente por ser seguidores de la banda. Luego lo han ojeado, así por encima, miran las fotos… y a la estantería a coger polvo. Desgraciadamente, los españoles no somos demasiado lectores.

¿Por qué te decidiste por Ktulu?

Fue uno de mis primeros grupos. Les descubrí en esa etapa mágica que es la adolescencia, gracias a la peli de Álex de la IglesiaEl día de la bestia, y me calaron hondo. Ha llovido bastante, pero su música me continúa transmitiendo muchísimo. A día de hoy, siguen siendo una de mis bandas de cabecera. Luego, cuando me animé a escribir el libro, sucede que se cumplían treinta años de la formación del grupo, así que era la ocasión idónea para celebrarlo. Todo comenzó a raíz de un reportaje que escribí para  Themetalcircus.com, llamado “Ktulu: 30 años de perseverancia y evolución”, con motivo del concierto de reunión con la formación clásica que Ktulu ofrecerían en L’Hospitalet, el 21 de enero del 2017. Disfruté tanto escribiéndolo que, inmediatamente, pensé en hacer la “versión extendida” en papel.

Ktulu fue un grupo muy importante en la escena del metal de los 90. ¿Cuál crees que fue el motivo principal de su éxito?

Siempre digo que Ktulu es la banda precursora del metal industrial en España, así que la originalidad es una de las claves. Luego está la película El día de la bestia. Entrar a formar parte de su B.S.O significó darse a conocer a nivel estatal, tocar en grandes recintos… lo cual derivó en la profesionalización de Ktulu. El éxito del tema “Apocalipsis 25-D” fue totalmente crucial en la carrera de la banda y lo supieron aprovechar, rematándolo en 1997 con un espectacular Confrontación, que sigue siendo la joya absoluta de la corona a día de hoy. Como se suele decir: los astros se alinearon a favor de la banda. Tuvieron la suerte de estar en el lugar adecuado, en el día adecuado… pero todo eso de nada hubiera servido sin buena música que lo avalara. Si a eso le sumamos que, a mediados de los 90, la música electrónica fusionada con metal empezaba a estar en boga, y gran parte del público joven se interesaba por ello gracias a bandas como Ministry, Fear Factory, Korn, Limp Bizkit… ahí tenemos otro de los motivos de su éxito.

A raíz de publicar la reseña de tu libro, me he encontrado con gente que adoraba al grupo, pero que lo había olvidado. Mucha gente ya les perdió la pista después de Confrontación, y su segunda reencarnación, a partir de Show Caníbal, no ha calado entre el público o ha sido completamente ignorada. ¿Cuál crees que es la clave de esa pérdida de popularidad?

Pienso que la principal clave es una carrera con tantos altibajos, sobre todo una vez que la banda se dividió. Si no fíjate en Hamlet, un grupo coetáneo a Ktulu, que ha seguido ofreciendo buen material a lo largo de los años y con un nivel espectacular en directo. Han sufrido cambios de formación, obviamente, pero nada comparable a lo que sucedió con Ktulu, que pagó con creces la escisión. Aguantaron el tirón con tres nuevos miembros, durante unos años más, pero ya nada fue lo mismo. Luego, una ausencia mediática de varios años, a principios del 2000, los acabó dilapidando. Asimismo, tenemos el factor del respetable, que no es moco de pavo. Si acudes a un concierto de Ktulu, apreciarás que el público se está haciendo mayor y pide a gritos el aliento de nuevas generaciones. Sin embargo, regresando a Hamlet, verás que tocan en un “Resu” y hay cientos de chavales enloquecidos en las primeras filas. En ese sentido, Ktulu adolece de savia joven entre su público, que es la que suele sustentar la carrera de un grupo. Pero bueno, creo que todo ello deriva de la falta de constancia discográfica, que es la que te hace estar en el escaparate.

Cuéntanos un poco sobre tus otros libros no biográficos, “Mujeres, rock y heavy metal, ¿quién dijo sexo débil?” y “Esa gran familia llamada Heavy Metal”.

Claro, faltaría más. Mujeres, rock y heavy metal, ¿quién dijo sexo débil?, lo publiqué con Editorial Milenio en 2016. Es un ensayo que profundiza en el porqué de las distintas trabas que encuentra la mujer dentro del género, para llegar a la conclusión de que no es tan “sexo débil” como la pintan. Con él, me apetecía reflexionar sobre cuestiones que siempre acaban afectando a la mujer en el ámbito del rock y, sobre todo, dar voz a muchas chicas, para ver cómo, aunque sea en cuentagotas, estas van ganándose un merecido lugar en el estereotipado mundo del heavy metal, no solo como público, sino en grupos de diversa índole. Fue un trabajo extenso, con más de cincuenta entrevistas y mucha bibliografía consultada, con el que me lo pasé genial.

En cuanto a Esa gran familia llamada heavy metal, este surge de reflexiones varias, a lo largo de los últimos años. Es como un diario personal, a la vez que recopilación de artículos de opinión. Me lo auto edité a principios de 2021, y en él ofrezco mi particular punto de vista sobre los promotores de conciertos, que tan mal lo han pasado con la pandemia, compañías discográficas, medios de comunicación, músicos, ilustradores de portadas, seguidores… en definitiva, sobre todo lo que atañe al heavy metal como colectivo, con bastante ironía crítica, eso sí. Como parte implicada que soy, intento reflejar los pros y los contras del heavy metal como cultura y colectivo. Me refiero al sexismo, que todavía existe, al mal uso que hacemos de las redes sociales, a la fauna de los conciertos, al amateurismo en los medios de comunicación, a la poca aceptación de las bandas tributo o a lo frikis que podemos ser los heavies, entre muchas otras cosas. Disfruto mucho haciendo ensayos sobre “la familia heavy”, así que estos libros no serán los últimos.

¿Has pensado en abordar el mundo del rock desde la ficción o prefieres ceñirte a una labor más periodística? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

De momento, la ficción la dejo aparcada. De hecho, ya como lector, la ficción es un género por el que paso de puntillas. Para ficción siempre recurro al celuloide. Así pues, me da la sensación de que seguiré decantándome por una labor más periodística de momento. En cuanto a proyectos, me estoy centrando en abordar la carrera discográfica de una banda nacional bastante puntera, de la cual no puedo revelar el nombre todavía. No será una biografía al uso, sino más bien una reseña crítica; un ensayo sobre su trayectoria musical y lo que su música significa como fenómeno mediático. Veremos a ver si finalmente puedo darle forma tal como lo planteo en mi cabeza.

Para algunos de tus libros, como Pura Vida, has optado por la autopublicación. ¿Qué nos puedes contar de la experiencia? ¿Hay dificultad en que la industria editorial apueste por este tipo de proyectos?

Como te decía antes, para que un editor apueste por tu trabajo, tiene que verlo muy claro. Por muy bien hecho que esté tu proyecto, si ve que no va a ganar dinero con él, difícilmente lo va a publicar. Es por eso que con Ktulu ni me esforcé en buscar editor. Ya con Rob Zombie había optado por la autoedición, una vez que Quarentena Ediciones cerró la parada y el libro se quedó a las puertas de la imprenta, y la verdad es que quedé satisfecho. Así que con Ktulu ni me lo pensé. Si te soy sincero, la experiencia es notable: tú tienes control total sobre tu obra, sin necesidad de intermediarios… así que encantado con el resultado. ¿Sabes? Si tienes claro cuál es tu camino, creo que la autopublicación es lo natural, más todavía con las herramientas de las que hoy disponemos. Y ya te aviso de que, en derechos de autor, vas a ganar lo mismo que publicando con editorial. Yo siempre lo comparo con los músicos. Si te fijas, con los años, lo normal es que ellos se graben sus discos, los autoediten y los promocionen, sin necesidad de pasar por las compañías discográficas. El tiempo, nos da la sabiduría y confianza para que apostemos por nosotros mismos, y la tecnología pone el resto. Así que adelante con ello.

Como periodista musical, ¿cuáles han sido tus mejores y peores experiencias?

Buuff… Por suerte, las malas experiencias han sido mínimas. Sobre todo se trata de decepciones al conocer en persona a algunos músicos, pero ya te digo que se cuentan con una mano. Asimismo, es decepcionante el poco valor que algunos promotores le dan a tu labor como comunicador, poniéndote mil trabas y exigencias para darte un puñetero pase y poder acudir a hacer tu trabajo. También hay que decir que cada vez hay más medios solicitando pases, y mucho intrusismo laboral, con lo cual, también es comprensible la actitud del promotor. Pero bueno, de todos modos, hay diferentes formas de tratar a las personas, y la educación brilla por su ausencia en algunos casos.

Y las mejores experiencias, pues ya te lo puedes imaginar: sentarme a charlar un rato con músicos a los que admiro y poder cubrir eventos que pasarán a la historia. Poder relatar y ofrecer tu particular punto de vista al lector sobre un concierto, es un lujo. Luego, también está el primer libro que publiqué: la biografía de Sangtraït. Fue como entrar por la puerta grande en el mundo editorial: una grata experiencia. Hablando de libros, también me encanta el momento de la promoción. Después del esfuerzo que conlleva escribir un libro, que los medios se interesen por él, te hagan reseñas y te concedan entrevistas, que los lectores te feliciten por tal o cual libro, ¡¡y hasta que te pidan un autógrafo!!, que te inviten a presentaciones… es lo máximo. Sin duda, lo mejor.

¿En qué crees que ha cambiado el mundo del periodismo rockero desde aquellas revistas en los 80 hasta la era de Internet?

La base, obviamente, es la misma: ofrecer información al lector. El cambio ha venido dado, principalmente, en la forma de consumo. Las revistas, al igual que los discos, ya son meras piezas de coleccionista, únicamente para nostálgicos, o casi… Excepciones siempre habrá, lógicamente. Por otro lado, internet ha facilitado el trabajo muchísimo, así como la difusión. Entrevistas on-line, reseñas por mp3, notas de prensa por mail… nos hacen la vida más fácil a los periodistas. Por su parte, el lado malo de internet es la “infoxicación”; tenemos tanto dónde elegir, que, en ocasiones, cuesta discernir lo veraz de lo fake. Además, con tantos medios de comunicación on-line, se ha perdido esa profesionalización que sí había en los 80 o 90, una profesionalización que no tiene por qué ser sinónimo de calidad, todo sea dicho: hoy en día, puede haber un blog por ahí perdido en el ciberespacio que te ofrezca mejor material que la revista de turno… pero bueno, mejor miramos al futuro, que no saber qué vendrá es más excitante.

Y ya para terminar, ¿nos recomiendas un disco y un libro?

Por supuesto, aunque es difícil quedarse con uno solo… Personalmente, me tiene muy enganchado el último disco de Guadaña, Erytheia. Así que aprovecho para recomendarlo. Luego, un libro que me ha resultado atractivo, aunque su autor me parece déspota, egocéntrico y machista a más no poder, es Tibu: memorias de un mánager. Se trata de un personaje que ha vivido las mil y una en el mundo de la farándula, llegando incluso a pisar la cárcel, acusado por El Canto del Loco de apropiación indebida. Más que una autobiografía, a veces parece que estemos ante una novela de Eduardo Mendoza, así que el libro daría incluso para una película. Ya lo creo. Bastante interesante. Un saludo José, muchas gracias por cederme un espacio aquí. Hasta la próxima.

Gracias a ti por esta interesante charla, Ivan.

No os perdáis la web de Allué ni sus libros. Esperamos verle pronto por aquí.

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