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Juanjo Mestre es un referente en el periodismo musical, actividad que ha venido desarrollando en medios como Future Magazine, Espacio Woody/Jagger, No sé viure sense rock o MondoSonoro, y actualmente en Makma (revista de artes visuales y cultura contemporánea) y Exile SH Magazine. En 2018 nos sorprendió con “1050 discos cardinales” y en 2021 lo volvió a hacer con “Lux & Ivy, una cita con los Cramps”, una innovadora propuesta literaria con ilustraciones de Jaime Carañana que reseñábamos aquí.

Hola, Juanjo, en primer lugar, felicitarte por “Lux & Ivy, una cita con los Cramps”. ¿Cómo se te ocurrió la idea y el formato tan original de este trabajo?

Hola Pepe. En primer lugar muy agradecido por tus palabras, por tener la deferencia de invitarme a esta entrevista y por ese positivo valor que le das al libro. Bien, te cuento. Es muy posible que, sin ser consciente de ello, la idea comenzara a gestarse durante mi adolescencia cuando tenía mayor costumbre de leer cómics antiguos. Digamos que la semilla podría estar a partir del impacto en descubrir “Tales from The Cramps” del francés Serge Clerc, lanzado originalmente en la revista Metal Hurlant durante 1981, el cual a su vez estaba inspirado en “los cuentos de la cripta”, una antología americana de cómics de terror que obtuvo cierta relevancia en los años 50.

Pero en realidad la cosa se fraguó más claramente poco antes de la publicación definitiva de mi libro “1050 discos cardinales”, a partir de unas anotaciones y borradores relacionados con Lux & Ivy que conservaba y que derivaron en unas charlas cramperas con Gonzalo Aróstegui, amigo íntimo, escritor y crítico musical. Por su apoyo a los textos y por su insistencia en publicarlo realicé un giro, lo integré como personaje e intenté desarrollar más detalladamente un relato que permitiera aproximar los Cramps a un mundo que, injustamente, tenía la sensación de que no le daban la importancia merecida. Tuve claro desde el primer instante que tenía que ser algo rápido, directo y sencillo de leer, que estuviese alejado de las típicas y microscópicas biografías musicales, que tuviera poso a modo de guía o consulta, que aglutinase fantasía, algo de ficción, aroma de cómic, biografía, discografía, anécdotas, experiencias personales… Y sobre todo que permitiera recuperar ese gustillo crampero a los más fieles o antiguos fans y, al mismo tiempo, acercase a aquellos que nunca los habían descubierto o valorado en su justa medida.

¿Qué han representado para ti los Cramps?

Para mí los Cramps significaron salir del encierro musical, digamos que de la cripta oscura, jaja, ahora me hace gracia pensar que con ellos fue precisamente así. Con 17 años me abrieron mentalmente a explorar cualquier tipo de música, especialmente aquellas que, de una forma u otra, tuvieran actitud punk, rocanrolera o garagera. Y, sobre todo, me enseñaron que en el carril alternativo y underground había mayor honestidad, calidad y atemporalidad que en la mayoría de productos comerciales y que, por supuesto, que los llamados “de temporada”. Digamos que, culturalmente hablando, los Cramps (entre otros) se hallan a varios años luz de distancia respecto a los de usar y tirar. 

¿Cómo convencerías a alguien que nunca se ha adentrado en el universo de los Cramps para que lo hiciera?

Pues leyendo “Lux & Ivy” y estirando del hilo. Puede parecer presuntuoso pero no lo es. El libro tiene un claro enfoque para llegar tanto a nuevas generaciones como a aquellos que no saben cuánta grandeza atesoraba esta banda. Aunque por supuesto soy consciente que con los Cramps siempre va a convivir un sector de rechazo por ignorancia, por desidia, por temor, por talibanismo… Con todo ello asumo que es posible que hayan habido lectores profanos de los Cramps que no hayan encontrado nada en el libro, aunque sin embargo, por otra parte también te he de decir que no son pocos los que me han agradecido su orientación, hasta el punto de decirme que ahora les dan mucho más valor a esta banda americana. Eso es suficiente para mí y me deja sobradamente satisfecho. 

The Cramps son, quizá, la banda de culto por excelencia, el tipo de grupo que va a su aire y que además descubre a sus seguidores un montón de referencias, desde la propia música, pasando por el cine o la literatura. ¿Crees que se puede repetir un fenómeno como el suyo en el futuro?

No, no lo creo. Un fenómeno como los Cramps es irrepetible. Ellos fueron pioneros con los pioneros más camuflados. En un momento de la historia abrieron la puerta a conocer clásicos ocultos del rockabilly fiftie más oscuro e indomable, así como perlas primitivas del garage sixtie, ensalzando incluso la serie B clásica a nivel de cine. Desde hace tiempo el acceso a material dispar y recóndito está al alcance del ratón vía Internet. Si algo te interesa puedes indagar, incluido cualquier submundo del underground. Ojo, con esto no digo ni quiero que se interprete que el rock ‘n’ roll ha muerto u otras chorradas similares que algunas veces se oyen. Simplemente me refiero a que es imposible que haya un producto musical tan rompedor o transgresor con el patrón de los Cramps. Digamos que ellos fueron un modelo a seguir, pero imposible de repetir o superar. Eso está plenamente demostrado después de 40 años transcurridos, empezando por aquellos a los que directamente más han influido o aquellos que los han imitado.   

Tu anterior libro fue “1050 discos cardinales”. ¿Cuál fue el proceso de selección? ¿Pesó más la importancia histórica o tu gusto personal?

En la balanza de selección pesó claramente más mi gusto personal, no podía traicionarme. De hecho no habría escrito ese libro si no hubiera prevalecido mi criterio a través de ese gusto personal. Pero bueno, en la medida de lo posible intenté el equilibrio y que la importancia histórica también estuviera muy presente. Eso sí, reconozco que hay algunas ausencias significativas que reconozco su clase y pedigrí pero que no comulgo, como por ejemplo del rock progresivo que me aburre como a una ostra a pesar de haber influido en géneros que sí que me gustan, como por ejemplo el krautrock, la new wave o el post-punk, estilos que aparecieron considerablemente en ese libro. 

¿Cómo empezaste en el periodismo musical y qué te ha aportado la profesión como fan de la música?

Bueno, decirte que esa no es mi profesión. Digamos que es mi hobby, mi actividad paralela de pasatiempo a la que dedico mayor tiempo. Seguramente el periodismo sí que fue mi vocación en su momento pero no desarrollé a nivel de estudios por circunstancias personales que no vienen al caso. Mi labor como crítico musical es por amor al arte y de forma muy independiente, alejándome bastante de lo que acostumbran los medios de comunicación más punteros y masivos. 

Actualmente desarrollas tu labor en Exile SH Magazine, ¿cómo crees que ha afectado al sector la democratización que ha supuesto Internet? ¿Es más difícil la profesión ahora que todo el mundo puede tener su propio espacio para escribir y opinar?

Evidentemente Internet ha influido muchísimo. Antiguamente eso que te refieres era un territorio más acotado, más limitado e incluso pienso que más manipulable. Desde hace tiempo, solamente cuatro gatos de todos aquellos que desarrollan esa actividad tienen ganancias económicas reales, y eso no creo que cambie, motivo por el que algunos pueden llegar a pensar que se les ha invadido su terreno. Para mí es como todo, existen personas que se abren paso en ámbitos que de origen no eran suyos, sucede en el mundillo de las tertulias televisivas, de los deportes, de la política, de la restauración, de la pintura, de la literatura, etc, etc. Hay gente que, por conocimientos, por tozudez, por suerte, por enchufe, por motivos dispares se abren paso en otros campos, sobre todo en lo cultural o artístico, sin haber estudiado la carrera universitaria relacionada. Pero bueno, si hay que buscar un problema respecto a la música no creo que los tiros vayan para nada por ahí sino por la vulgarización de la música popular y el mísero apoyo que los medios masivos realizan de los productos de calidad relacionados con el pop-rock. En ese sentido, en el Exile SH Magazine que has mencionado y que, a metafórico modo de cooperativa administro junto a varios amigos con los que también actúo como redactor, podría definirse como un oasis junto a algunos pocos medios musicales más que no citaré porque siempre me dejaré alguno. 

En Melodías Cósmicas, tu programa de radio, sueles homenajear a alguna banda del pasado a la vez que presentas nuevos lanzamientos. ¿Crees que el panorama actual es igual de fructífero que en décadas anteriores y solo ha cambiado la industria y la forma de consumo, o percibes algún tipo de agotamiento en la fórmula del pop y el rock?

El panorama es diferente, muy diferente. En cuanto a mi programa de radio, desde el minuto 1 intenté recuperar el espíritu, el modo y el estilo de lo que ya hacía siendo un jovenzuelo, cuando comencé a colaborar en una radio pirata. Salvo algunas fases cortas de mi vida, he seguido siempre la actualidad musical con bastante interés. Si no fuera de ese modo, y si no reflejara esa actualidad en la práctica, no haría un programa de radio o escribiría en el Exile. Mi apego a la música intenta hallar un equilibrio entre el pasado y presente. Me gusta pensar que estoy poniendo mi granito de arena para que el buen pop-rock no muera, acaso como muestra de agradecimiento por lo mucho que me ha dado en esta vida.  

Respecto a ese agotamiento que mencionas en la pregunta, según mi opinión es bastante evidente que no existe suficiente renovación generacional, pero actualmente existen muchísimas propuestas musicales interesantísimas, de mucha calidad, tantas o más que antaño porque existe mayor facilidad de disponer de instrumentos y de cultivarse a nivel de conocimientos musicales. Quien no quiera verlo es porque vive en la nostalgia musical de su pasado, está en otras cosas o simplemente no le apetece indagar. Insisto, ahora se puede llegar a todo, está a tiro de piedra (o mejor decir de ratón). La putada es que existe demasiado ruido con productos de baja estofa. 

¿Cómo ves la escena rockera valenciana? ¿Y la nacional?

Pues las veo regular, pero como siempre. Las propuestas musicales que más me gustan rara vez tienen un efecto de popularidad masiva. Me parecen muy buenos, por citar dos ejemplos que me vienen ahora a la cabeza, Johnny B. Zero en Valencia, o a nivel nacional Los Fusiles que son de Sevilla. Me produce mucha alegría que cada vez obtengan mayor reconocimiento. Pero insisto, me gustaría ver más bandas de veinteañeros que me impactasen, como antaño. Mi sensación es que la mayoría de los jóvenes están esparcidos, bien en una onda del decadente concepto indie, bien en productos comerciales de usar y tirar que, por múltiples vías, nos los intentan blanquear como si fueran el oro y el moro, cruzando líneas rojas que jamás se deberían sobrepasar. No diré nombres que luego surgen absurdos debates y me pueden acabar llamando pollavieja, jaja. 

¿Qué escuchas últimamente y qué nos recomendarías de la actualidad musical?

Pues de lo más reciente de este 2022 lo que más estoy escuchando y más recomendaría es Pedro The Lion, de Seattle. Es el proyecto musical que ha recuperado David Bazan, su “Havasu” me parece un disco muy equilibrado, profundo y conceptual. Por supuesto Waxahatchee, que también ha sacado nuevas canciones. La verdad es que esta chavala, Katie Crutchfield, me tiene eclipsado con todo lo que hace y me encantaría que alguien la trajese de gira. Otra chica que me gusta mucho es la canadiense Tess Parks, está a punto de sacar un disco que he tenido la suerte de catar anticipadamente y que es exquisito. También los irlandeses Fontaines D.C, su creciente reconocimiento en una onda que se aproxima algo al antiguo post-punk, me parece una tabla de salvación entre los jóvenes ante tanta mediocridad que les (nos) inunda.  O, por ejemplo, el que me tiene muy prendado es Jon Spencer & The Hitmakers, una salvajada, una barbaridad de las que me resetean y me devuelven el amor por lo primitivo.   

 

 

 

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