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Puede parecer que el título de la primera novela de Ramón Gonzalez sea un contrasentido. Cualquiera que sepa lo que es el death metal sabe que paz y amor son dos conceptos demasiado hippies para este género, mucho más proclive a hablar de asesinos en serie, mutilaciones, torturas y otras lindezas.

En el cuello del cantante de Cannibal Corpse cabrían todos los que asistieron al festival de Woodstock.

Nada que ver. “Paz, amor y death metal” (Tusquets, 2018) narra la historia real de su autor, un español residente en Paris, que el 13 de noviembre de 2015 acudió junto a su novia argentina y otra pareja de amigos a la sala Bataclan para ver un concierto de los americanos Eagles of death metal. Lo que no se imaginaban era que, en mitad del show, tres terroristas del Estado Islámico iban a irrumpir en el local a cara descubierta lanzando ráfagas de fusil sobre el público, provocando la muerte de casi un centenar de personas.

En la primera parte del libro el autor cuenta con detalle la confusión y angustia en el momento del ataque, encontrándose, además, separado de sus tres acompañantes. Por puro instinto, consiguió acceder a la parte trasera del escenario y meterse en uno de los camerinos. Los Eagles of death metal habían huido del edificio nada más iniciarse el atentado, así que su espacio reservado se convirtió en un hervidero de gente aterrorizada que, con las puertas cerradas, seguían escuchando los disparos en el foso.

Después de un par de horas interminables, escondidos sin saber qué estaba pasando fuera (los terroristas llegaron a tomar rehenes), la policía logró controlar la situación y pudieron salir. Es estremecedor el momento en que se ordena a los supervivientes que salgan de la sala mirando hacia arriba para que no vean el mar de cadáveres que se ha formado en el suelo.

Ramón Gonzalez.

En la segunda parte, el autor narra los días y meses posteriores al atentado. Aunque en principio cree encontrarse bien, no tarda en darse cuenta que el suceso ha monopolizado su mente y condicionado sus acciones: la imposibilidad de volver a la rutina diaria, el miedo a los espacios públicos y a los conciertos de rock, a los que tarda alrededor de un año en atreverse a volver a asistir.

Necesitado de ayuda, fue su psicóloga quien le animó a escribir la novela que nos ocupa, cuyo estilo narrativo se esfuerza por alejarse de todo tipo de dramatismo. A pesar de esa distancia y frialdad con la que cuenta su historia, el relato consigue meter de lleno al lector en una experiencia difícil de imaginar si no se ha vivido.

Una frialdad que también adopta en el plano ideológico. Después del atentado, el autor-protagonista no para de escuchar a todo el mundo sentenciar sobre lo ocurrido: desde los que criminalizan al conjunto del Islam hasta los que culpan de todo a Occidente, pasando por opiniones más pintorescas, como la de Jesse Hughes, vocalista de los EODM, que abogó por la tenencia de armas para evitar hechos como los de Bataclan.

Todos quieren saber la opinión del afectado, pero éste ni siquiera se la plantea. Es curioso que los más enfadados sean los que se han enterado por la televisión, mientras que quienes lo han vivido no juzgan: lo único importante es la supervivencia y la superación.

“Un día en nuestra vida” es el relato de David Fritz, otro superviviente de Bataclán, no traducida al castellano.

Tanto por su estructura como por la forma de abordar los hechos, la obra de Ramón Gonzalez puede recordar a “El colgajo”, de Philippe Lançon, periodista francés que sobrevivió al atentado contra el equipo de redacción de la revista satírica Charlie Hebdo que tuvo lugar pocos meses antes del suceso de Bataclan. La historia de Lançon, eso sí, es bastante más dura, ya que fue herido de bala en la mandíbula y perdió la parte inferior de su rostro, que necesitó 200 días de convalecencia y 18 operaciones para ser recontruido.  Un relato desgarrador, lleno de referencias literarias, jazz y música clásica que, al igual que “Paz, amor y death metal”, recomendamos desde aquí.

 

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