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Don Quijote de La Mancha perdió la cabeza por leer cientos de novelas de caballerías, llegando a creer que podía convertirse en uno de aquellos aguerridos personajes que protagonizaban los libros que devoraba día y noche. A los protagonistas de «Señores del Caos» (EsPop Ediciones) les sucedió algo parecido.

La diferencia es que, si a Alonso Quijano le movían ideales como la justicia, la igualdad o el amor idílico, a esta pandilla de encantadores sociópatas a quien está dedicada la obra de Michael Moynihan y Didrik Soderlind, lo que les motivó a la acción fue el satanismo, la quema de iglesias y la profanación de tumbas.

 

Alonso Quijano, haciendo una pausa en su lectura de «Señores del caos».

Desde sus inicios, el rock no despertó grandes simpatías entre los sectores cristianos más conservadores, que no veían con buenos ojos los movimientos de cadera de Elvis o las letras lascivas de Little Richard, aunque se tratara de manifestaciones de un espiritu juvenil que no pretendía atacar a ninguna institución religiosa.

Más tarde, los Rolling Stones sacaron a bailar al diablo a la fiesta rockera, y a partir de ahí la cosa fue a más. Led Zeppelin lanzaron mensajes ambiguos en sus textos y Black Sabbath adoptó toda una parafernalia de cruces invertidas e imaginería satánica que el heavy de los 80 llevó todavía más lejos con los primeros Slayer y los considerados padres del black metal, Venom.

Los siempre entrañables Venom.

Para el trío formado por Cronos, Mantas y Abbadon el satanismo no era más que un reclamo, una forma de llamar la atención y mostrarse ante un público ávido de sensaciones fuertes. El problema es que el mundo está lleno de perturbados que suelen complicar las cosas.

Alonso Quijano después de escuchar a Venom.

Es en este punto donde arranca la narración de «Señores del caos», centrada en la banda Mayhem y su guitarrista Øystein Aarseth, alias Euronymous, quien definió estilísta e ideológicamente el black metal, un género ligado desde entonces a su país natal, Noruega.

La tienda de discos que regentaba, Helvete (Infierno), se convirtió en el centro de operaciones del autodenominado «Inner Circle», una pandilla de jóvenes acomodados que gustaban de pintarse la cara con maquillaje cadavérico y organizar quemas de iglesias por la noche. Si algún despistado entró alguna vez en la tienda para comprar un disco de Stevie Wonder, debió pasar un rato desagradable.

Los hechos son bien conocidos, pero para quien no esté familiarizado los resumo brevemente: Mayhem busca cantante, y al puesto se presenta un alegre muchacho sueco apodado Dead, que, para demostrar sus dotes vocales, les envía una cinta dentro de un sobre en el que incluye como obsequio un pequeño ratón crucificado. Después de algunos conciertos en los que Dead impacta al público rajándose el cuerpo con una botella rota, decide que ya ha vivido bastante y se vuela la tapa de los sesos con un rifle.

Dead, a punto de arrancarse por bulerías.

Hasta aquí todo normal. La cosa se enturbia cuando Euronymous llega al lugar de los hechos y se encuentra a su colega con los sesos desparramados y, ni corto ni perezoso, corre a comprarse una cámara y fotografiarlo todo antes de que llegue la policía, con la intención de utilizar una de esas fotos para la portada del próximo disco (al final se utilizó para un cd pirata en directo). Y por si fuera poco, recogió unos cuantos trozos de cráneo para regalar a sus amigos y hacer collares. Uno de esos trozos está actualmente en venta por una módica cantidad, por si os interesa.

Después de esto, Euronymous abre su tienda de discos y funda un sello discográfico, Deathlike Silence Productions, con el que sacará el primer disco de Burzum, el grupo unipersonal de Varg Vikernes, un chaval entusiasta del black metal y de toda la leyenda que Euronymous estaba formando a su alrededor, pues Mayhem habían adquirido ya una enorme popularidad.

Los Pecos de Noruega.

 Vikernes hizo de las suyas incendiando alguna que otra iglesia y realizando declaraciones escandalosas a medios como Kerrang, constituyendo junto a Euronymous el dúo que ejercía el liderazgo de esta amigable pandilla.

Pero la relación de amistad se agrió: el dinero, las ansias de protagonismo y los celos dieron como resultado el asesinato de Euronymous a manos de Vikernes.

A Vikernes no se le veían buenas intenciones ya desde el principio.

No penséis que os he destripado el libro. Lo que acabo de contar es solo el principio, los hechos que sirven de base en «Señores del caos» para estudiar el impacto del black metal en una sociedad tan poco dada a los extremismos como la noruega. Y en ese punto, se trata de una obra impecable que, a través del relato de los autores y las entrevistas (tanto a los protagonistas de la historia como a policías, sacerdotes, sociólogos, etc) pone en contexto y explica (que no justifica) una serie de acontecimientos difíciles de entender para cualquier mente racional.

Los hechos truculentos que aborda la obra son abordados con frialdad y sin caer en el amarillismo, centrándose en analizar las causas que llevaron a estos jóvenes a abrazar posiciones tan extremas, pasando del paganismo anticristiano que impulsó sus primeras acciones a abrazar el nacionalsocialismo, como en el caso de un Vikernes ya encarcelado y protagonista indiscutible del libro. También se aborda el impacto que tuvo black metal en otros países como Suecia, Alemania o Estados Unidos y su estado actual a nivel de repercusión y ventas.

Una obra imprescindible, ilustradora y tremendamente entretenida. Literatura rockera (o blackmetalera) de primera calidad. Aunque lo tuyo no sea el metal extremo, ni pintarte la cara de blanco y desenterrar cadáveres, seguro que te va a encantar.

 

 

 

 

josebosch

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