A mí, el fenómeno de las caras de Bélmez siempre me ha llamado mucho la atención, más que nada porque no hay otro igual en el mundo. Lo normal es que la gente diga que siente la presencia de fantasmas, ya sea porque en casa se le caen las cosas al suelo sin que las haya tocado nadie, o se escuchan voces raras cuando se van a dormir, o en el espejo del cuarto de baño a veces se ve reflejado un niño con pinta de antiguo. También hay gente que asegura haber visto un OVNI, o al Monstruo del Lago Ness, que son cosas que están muy bien, pero no son originales. Al fin y al cabo, son historias que hemos oído desde pequeños, y es normal que haya gente que se sugestione y se crea que las está viviendo y hasta le dé gusto comprobar que no se ha pasado toda la vida haciendo caso a cuentos chinos.
Pero es que son eso, modelos que ya se crearon y que se pueden aceptar o no, porque en esta vida tienes que tener muy claro si crees en los zombis, en los vampiros, en los Annunnaki o en el Yeti. Porque cada uno es libre de creer en lo que quiera, pero atente a las consecuencias si vas a la tele a decir que has establecido contacto con un marciano trompetero de un metro cincuenta, que te van a llamar de todo.

Pero las Caras de Bélmez son únicas. No hay gente en Alemania o en Bielorrusia diciendo que le han salido unas manchas en el suelo de la cocina que parecen caras, y eso es algo que no tenemos en cuenta, que aquí mucho reivindicar el sol y la playa y la paella, pero de las Caras de Bélmez no se acuerda nadie, y eso sí que es único y typical spanish a más no poder. No hay unas Caras de Munich, ni unas Caras de Turín, ni unas Caras de Wisconsin. Las Caras de Bélmez son de Bélmez y no hay más.
No sabemos apreciar lo nuestro, y hasta la gente de fuera lo tiene más claro: hay unos tipos alemanes que hacen death metal y se han puesto Bélmez como nombre del grupo, que me pregunto yo cómo se habrán enterado de la existencia de las caras en su Alemania natal y por qué decidieron llamarse así. Seguro que todo el mundo se lo pregunta en las entrevistas, si es que conceden entrevistas, porque viendo la música que hacen igual son tipos con muy malas pulgas y asustan a los periodistas alemanes.
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A mí la historia me fascinó desde niño, porque no es muy normal que seas una señora mayor de un pueblo perdido de la mano de Dios y te aparezcan unas manchas en el suelo de la cocina con forma de cara. A María, que era así como se llamaba la señora, le pareció curioso y llamó a la gente del pueblo para que vieran la cara, a la que bautizaron como La Pava, que no entiendo yo porqué le pusieron La Pava, cuando se trataba claramente de un señor con bigote. Ahí veo yo un misterio del que nunca se habla.
Luego picaron el suelo para hacer desaparecer la cara porque pensaron que ya estaba bien la broma, pero al cabo de unos días volvió a aparecer, que me pasa eso a mí y cojo una maleta y salgo corriendo de la casa y que me busquen. El caso es que después de La Pava aparecieron más caras, y venga a intentar quitarlas y las caras empeñadas en volver a aparecer. Las Caras de Bélmez son como esos colegas que se te apalancan en casa y no los sacas ni con agua caliente.
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El caso de Bélmez tuvo mucho bombo en los periódicos y en el mundillo de los fenómenos paranormales, que en aquellos días estaba capitaneado por el doctor Jiménez del Oso, un señor cuyas bolsas en los ojos eran un fenómeno paranormal en sí mismo. Aunque en los 70 se dijo que todo aquello era falso, porque dicen que Franco dijo que aquello no podía ser y que dejaos de historias.
Yo me creo al cien por cien que todo sea verdad, porque no me imagino a la señora María pensando que para sacarse unas perras lo mejor que puede hacer es simular que le han salido unas manchas con forma de cara en el suelo de la cocina. 
Me parece de una lógica aplastante que a nadie en su sano juicio se le puede ocurrir una idea tan original y única en el mundo. No puede ser mentira. Y si lo es, a esta señora habría que darle un premio a la inventiva, porque el mundo de lo paranormal está muy falto de ideas desde hace muchos años. No hay más que ver Cuarto Milenio, todo el rato tirando de casos de los 80, los 70 o los 60, que ya parecen la Rock FM. 
Fue precisamente Iker quien revitalizó el caso hace unos años con un programa especial de tropecientas horas y hasta se fue a la casa para grabar unas psicofonías que ponían los pelos de punta. Seguro que hay psicofonías así, pero no las sacan porque lo que es rentable es dar miedo y no enseñar un mundo paranormal que parece el coño de la Bernarda.

A mí lo que más me intriga es si esas caras tienen vida, quiero decir, si sienten y piensan y todas esas cosas que hacen los seres vivos. Yo me imagino cómo debe ser una conversación entre dos de esas caras, que cuando hay una visita permanecen ahí quietas, pero cuando la visita se acaba se ponen a hablar de sus cosas. Como no tenía mucho que hacer, la he escrito aparte para el que quiera leerla, aquí debajo la tenéis. Es la primera vez que publico algo en Internet y la verdad es que ha sido una experiencia divertida. Espero que la disfrutéis. Leer o descargar ATRAPADAS EN BÉLMEZ, de Jesús Soup.