El otro día fui a ver a los Sisters of Mercy y no sé por qué lo hice. Supongo que fue por nostalgia, porque sé de sobra que en directo son malos, pero malos de verdad. Anunciaron la gira diciendo que probablemente sería la última y caí como un idiota. Tengo delito, porque ya los había visto dos veces y ambas fueron decepcionantes, por emplear una expresión suave. La banda se compone, además del imprescindible Andrew Eldritch como voz y alma mater del proyecto, de dos guitaristas. Todo lo demás (bajo, batería, coros y teclados) está grabado, disparado en escena desde un ordenador. Vale, ningún problema con eso: si quieres que tu propuesta musical suene prefabricada, no pasa nada. Hasta lo podríamos disfrutar, porque si el 50% de lo que suena ya está registrado en los discos, en teoría deberíamos encontrar algo muy parecido en los conciertos y disfrutar como perros con todos esos clásicos que nos acompañaron en la adolescencia.

Pues no. A pesar de que la mitad de lo que suena está enlatado, aquello no se parece a las grabaciones originales ni por asomo. Las guitarras no se escuchan, o se escuchan a ratos, mientras Eldritch se dedica a hacer posturitas siniestras mientras se fuma un piti de vez en cuando. Porque eso es casi lo único que hace, además de cagarse en los fraseos de estrofas y estribillos, que interpreta como le da la gana. Para eso es el rey del gótico, ¿no? De entonar ya ni hablo.
[https://www.youtube.com/embed/sYl9gAhQzUo](https://www.youtube.com/embed/sYl9gAhQzUo)
Un espectáculo lamentable que arrastran desde hace décadas sin apenas variaciones, porque no han presentado ninguna novedad discográfica desde 1993 (y fue una sola canción dentro de un recopilatorio). Su último disco, Vision Thing, es de 1990. Ahí es nada. La verdad es que tiene mérito. Que yo sepa, no existe un caso igual en el mundo del rock. La mayoría de bandas que tuvieron su momento de esplendor en los 80 o los 90 y continúan unidas, siguen grabando discos, no sé si por una necesidad creativa real, por tener una excusa para seguir girando, o por pura vergüenza torera. Pero esto último, Eldritch no lo conoce. Por algún tipo de desacuerdo con su discográfica, un buen día decidió que no iba a grabar más discos. ¿Para qué, si luego la gente no los escucha y en los conciertos solo piden los clásicos?
Eldritch se ha ahorrado el penoso trámite de gastarse un dineral en estudios de grabación para que al final la gente solo le pida Alice y Temple of Love. Tampoco tengo ningún problema con ello. A veces, alargar discografías solo consigue quitarles brillo. Y la suya brilla mucho. Lo que no me explico es cómo han podido sobrevivir todo este tiempo defendiendo su legado de una manera tan lamentable. O no defendiéndolo, directamente, porque lo que hacen en directo no tiene perdón de Dios.
Pero lo más curioso de todo es que aún congregan a un público numeroso que vuelve a picar cada vez que pasan por su ciudad. Saben que se van a encontrar con un espectáculo mediocre (en el mejor de los casos), pero vuelven (volvemos) a reincidir. ¿Por qué? Eso mismo me he preguntado yo después de acudir a su último concierto en Madrid. Quizá teníamos la esperanza de que lo visto anteriormente era el fruto de una mala noche, o de una mala racha. Que a lo mejor fuimos con las expectativas demasiado altas y aquello no fue tan desastroso como lo recordamos porque bebimos demasiado antes de entrar. Aunque creo que en realidad todo se basa en la fidelidad: somos fieles a aquello que algún día nos hizo felices, como quien intenta salvaguardar una relación amorosa que pasó de las flores y las palabras bonitas a la indiferencia o al puro maltrato.

Después del bochornoso concierto que vi, hice un comentario despectivo en una publicación de Facebook y recibí la respuesta de algunos fans que básicamente venían a decir "si eres tan fan, ya sabías a lo que ibas, ¿de qué te quejas?". Curioso. Nadie intentó rebatir que aquello había sonado peor que un organillo con una cabra, o que la elección de repertorio había sido pésima, sino que no entendían qué era lo que estaba criticando si los conocía tanto como me preciaba de hacerlo. O sea, que para ser un buen fan de Sisters of Mercy debes saber que un concierto suyo es un despropósito. Exactamente lo mismo que le reprochamos a alguien que está enganchado a una relación tóxica.

Y no hay maltrato sin maltratador. Ahí es donde entra el amigo Eldritch, que no se ha caracterizado nunca por ser una buena persona. Cuando los miembros de la formación original se largaron y formaron otro grupo llamado Sisterhood (luego serían The Mission), Eldritch registró dicho nombre y grabó un disco en tiempo récord con él. La cosa acabó en los juzgados y al bueno de Eldritch tuvieron que pagarle 25.000 libras. ¿Y qué hizo? Pues empezar el disco de Sisterhood con Patricia Morrison recitando los números Two, Five, Cero, Cero, Cero. Hay que ser cabrón.
Y con Tony James, el ex-Sigue Sigue Sputnik que le ayudó a crear Vision Thing, tampoco terminó demasiado bien. El hecho de que el único miembro que le ha soportado a lo largo de los años sea una caja de ritmos (el famoso Dr. Avalanche) lo dice todo.
Aunque en Barcelona, donde tocó un día antes de que yo lo viera, sospecho que se creó algún que otro enemigo más. El grupo decidió salir al escenario media hora antes de lo anunciado. Mucha gente solo pudo ver la mitad de un concierto bastante raquítico. No creo que le importe, porque estoy convencido de que Eldritch es un psicópata. Uno de los que disfrutan con el sufrimiento ajeno. Porque eso es lo que hace con sus fans, estirar la cuerda para ver hasta dónde llega la paciencia de esa pobre gente que le considera un dios gótico. Su talento es incuestionable, pero también es incuestionable que le gusta mearse en la cara de aquellos que siguen teniendo fe en su talento.
