Hoy hablamos con Patxi Irurzun, autor de "Tratado de Hortografía" y "Chucherías Herodes", dos novelas que han puesto al Rock Radical Vasco en el panorama literario.
En primer lugar, felicitarte por ambas obras. ¿Qué te mueve a poner el Rock Radikal Vasco (RRV) como telón de fondo de la historia?
La Polla Records, Barricada, Eskorbuto... todos esos grupos eclosionaron justo cuando yo era adolescente, algunos muy cerca de mí, en mi propio barrio de la Txantrea. Siempre había tenido ganas de escribir sobre ello, pero lo iba relegando hasta que comprendí que el RRV debía ser el telón de fondo para tratar temas que me preocupan: la precariedad, la vida en los barrios o las relaciones con hijos adolescentes. Es un registro tragicómico y gamberro que pretende dejar un poso social.

¿Cuál ha sido tu relación con la música a nivel personal?
Siempre me ha gustado, pero me di cuenta de que el punk era mucho más que música: era un modo de vida para expresar disconformidad. Como no tenía aptitudes para ser músico, creo que esa incapacidad me llevó a escribir. Viví aquello como un fan apasionado; para nosotros el punk-rock era una religión. Con el tiempo, la literatura me ha permitido entablar amistad con músicos que admiraba como El Drogas o Kutxi.
La inmediatez del punk, ¿ha ejercido influencia en tu estilo literario?
Yo pretendía que mi modo de escribir fuera una extrapolación del punk a la literatura. Los temas y el tono desenfadado venían de ese mundo. Por ejemplo, mi primera novela, Cuestión de supervivencia / La virgen puta, estaba protagonizada por un punk que editaba un fanzine. Pequeños guiños como incluir estrofas de Barricada o personajes con apariencia de Lemmy Kilmister han estado siempre presentes en mis libros.

¿Tendremos más entregas de esta saga?
La verdad es que ya tenía decidido hacer una serie de novelas. Me apetecía repetir personaje, algo que nunca había hecho en treinta años de carrera. La buena aceptación de Tratado de hortografía me ha reforzado la idea, así que sí, habrá más entregas.

¿Sigue vivo el RRV? ¿Te has planteado tratarlo desde la no ficción?
El RRV ya forma parte de una tradición. Sus mensajes y actitud siguen vigentes para los chavales que hoy empiezan a tocar. Respecto a la no ficción, he tenido propuestas y no descarto nada, pero ahora mismo me siento más cómodo con la libertad que da la ficción para contar cosas que de otro modo no se quieren decir.
En Chucherías, el protagonista se ve envuelto en una versión trap de su éxito punk. ¿Hay elementos comunes entre ambos estilos?
Hay un punto de encuentro en la actitud, la procedencia social y la conciencia de clase. El protagonista claudica un poco, se da cuenta de que su tiempo ha pasado y que es el turno de los jóvenes. Los jóvenes tienen siempre razón, hasta cuando se equivocan.

¿Qué nos aconsejas para adentrarnos en tu obra?
Aconsejaría Dios nunca reza y Atrapados en el paraíso. También mi libro de relatos La tristeza de las tiendas de pelucas, que fue finalista del premio Setenil.

Y ya para terminar, ¿nos recomiendas un libro y un disco?
Un libro: Fante (la recopilación de Anagrama). Un disco: me resulta complicado, pero elegiría una playlist con clásicos como “Cerebros destruidos” de Eskorbuto o “Enamorado de la muerte” de RIP.
