Leer la biografía de una banda de rock siempre supone un ejercicio revelador para conocer el sentido de su historia: las claves para alcanzar el éxito, la gestión de las casi siempre inevitables luchas de egos y disputas económicas, o los errores que llevaron al fracaso y la extinción.
Con la ayuda del periodista Steven Hyden, Gorman relata su impotencia a la hora de llevar a buen puerto el destino de su grupo, controlado de manera despótica por los hermanos Chris y Rich Robinson, cantante y guitarrista, con los que se ha despachado a gusto. El narrador, que se mantuvo tras su kit de batería durante toda la trayectoria de la banda, convirtiéndose así en el único miembro estable, vivió durante años una ambigua situación: por un lado, los hermanos consideraban que ellos tres eran el grupo (voz, guitarra y batería), pero por otro, no se le tenía en cuenta a la hora de tomar decisiones, que prácticamente le eran transmitidas a través del mánager, Pete Angelus. Tampoco se le atribuyó ninguna compensación en cuestión de derechos de autor, y ese es un aspecto que me parece interesante. En un punto de la historia, los hermanos Robinson deciden vender los derechos de sus canciones, que van a suponer una cifra nada despreciable. Gorman les plantea que le den un insignificante uno por ciento de los beneficios como reconocimiento a su labor: no ha compuesto letras ni progresiones de acordes, pero ha estado en las sesiones compositivas, dando forma a las ideas de los hermanos. Si la música se compone de ritmo y melodía, ¿por qué un arpegio de guitarra se considera composición y un patrón rítmico es solo un "arreglo"? ¿No es tan importante una cosa como la otra? ¿Una estructura rítmica no es una parte de la canción?
Es curioso que ni el propio Gorman se plantee estas cuestiones. Él solo pide ese uno por ciento no porque se sienta parte creadora, sino como mera contribución a su parte de responsabilidad en el éxito de la banda. Como ya habréis imaginado, no se la dan. Los Robinson, cuya relación enfermiza de codependencia impregna casi todas las páginas, podían llegar a las manos en cualquier momento, pero a la hora de defender sus intereses (especialmente los económicos) se convertían en un bloque sin fisuras. La prueba de ello va más allá de las páginas del libro: poco después de su publicación en EEUU, anunciaron una gira conmemorativa de "Shake your money maker", su exitoso primer disco, para la que no contaron con ningún miembro de la formación original.
Tanto si conoces a los Crowes como si no, es un libro muy interesante que, como la buena literatura, destapa las miserias humanas, incluidas las del propio protagonista, que aguantó con su orgullo pisoteado en una nave que no podía pilotar hasta que la situación se hizo insostenible para todos. No es fácil abandonar una banda que te proporciona dinero, fama y la oportunidad de tocar con los que han sido tus ídolos, aunque el precio emocional a pagar sea demasiado alto. Y a eso es a lo que se agarra Gorman, esos momentos de genialidad que consiguen que valga la pena el sufrimiento de ver como dos energúmenos destrozan un grupo que tampoco tendría sentido sin ellos. Para muestra, esta actuación en el Tonight Show de Jay Leno, que el autor del libro califica como la mejor actuación de la banda en un plató de televisión. Alta literatura rockera.