He de reconocer que el título del libro me llevó a engaño. Cuando vi anunciado el lanzamiento en NeoPerson pensé que se trataba de una especie de estudio sobre el formato: su origen, evolución, métodos de fabricación y resistencia a pesar de los cambiantes tiempos tecnológicos. O que quizá se centraba en sus usuarios y coleccionistas, ofreciendo una explicación más o menos razonada de por qué seguimos pagando ingentes cantidades de dinero por discos que podemos escuchar prácticamente gratis en cualquier plataforma de streaming. Y aunque tal vez sea un tema interesante, no hay nada de eso aquí. Lo que Oscar Avendaño nos presenta en «¡Lo tengo en vinilo!» es una especie de memoria musical-sentimental (o una cadena asociativa, como lo llama Julián Hernández en el prólogo), una lista de noventa obras musicales que marcaron diferentes etapas de su vida. Todas ellas, eso sí, escuchadas, asimiladas y amadas a través del plato del tocadiscos.
El autor, que ha sido bajista de Siniestro Total en los últimos veintiún años de la formación y cantante y guitarrista tanto de su proyecto en solitario como con The Bo Derek´s, nos muestra en las páginas de su primer libro sus filias y fobias musicales, esas canciones que en un momento determinado captaron su atención al escucharlas en bares, conciertos o radiocasetes de coches, y que después buscó en cubetas de tiendas y ferias. Y podemos intuir que compró siempre a buen precio, al menos en el período que abarca la década de los 90 y principios de los 2000, momento en el que el formato vinilo estaba totalmente denostado y apenas existía demanda.
Y mientras Avendaño enumera las excelencias del «Highway to hell» de AC/DC, del «Live Ego-Trip» de Los DelTonos o del primero de Lynyrd Skynyrd, nos deja entrever pequeños trazos de su historia personal.

Y es que esta obra podría calificarse con la etiqueta de «autobiografía de melómano», un género que nos acabamos de inventar y que consiste en hablar de uno mismo a través de los gustos musicales. Porque es mucho más cómodo (y menos megalómano) contar en qué circunstancias conocimos a Syd Barrett o a los Sex Pistols y, de esa manera, mostrar entre líneas en qué punto de nuestra existencia nos encontrábamos, cuál es nuestra sensibilidad o qué es aquello que nos llama la atención. Porque cuando la música es una compañera inseparable, una banda sonora que marca las etapas, los giros inesperados y los puntos álgidos, no hay una manera más honesta de contar una vida que la que encontramos en estas páginas.

Pero en «¡Lo tengo en vinilo!» hay mucho más que biografía. También abarca una enorme variedad de registros (discos intimistas, salvajes, tristes y divertidos) y mucha erudición musical. Junto a nombres más o menos previsibles, como Beatles, Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival o Ramones, el autor nos descubre un pequeño catálogo de rarezas, como Roky Erikson, cantante de los 13 Floor Elevators que posteriormente desarrolló una carrera en solitario y que en 1982 aseguró haber sido poseído por un alienígena, o nuestras Vainica Doble, una curiosísima anomalía de la música española, artífices, junto a Joaquín Sabina, del himno gastronómico-generacional «Con las manos en la masa», que nos descubrió a muchos de nosotros el lacón con grelos (una de sus componentes era hermana de Elena Santonja, la conductora del programa). Todo ello hilado con una prosa clara, ágil y sin artificios innecesarios.
Un relato cuidado, divertido y muy personal con el que nos sentiremos identificados todos los que situamos la música como protagonista de nuestras vidas, guía de nuestros viajes, compañera de fatigas y faro de luz en los momentos oscuros.