Te damos la bienvenida a Gramática Pop, un espacio donde aprender los secretos de la lengua española a través de la cultura popular. Aquí convivirán los adverbios, las preposiciones, los verbos copulativos o las oraciones de relativo con el rock industrial, el folk panameño, el cine de los setenta, los vídeos virales o el black metal. Trataremos de desgranar los secretos de la gramática de la forma más amena posible. Todas esas cuestiones lingüísticas que nos plantean dudas a la hora de corregir textos, escribir un mensaje o redactar un zasca en redes sociales.
Y para realizar esta humilde inauguración hemos creído conveniente comenzar por las taxonomías fundamentales de nuestra lengua. No estamos hablando de sustantivos, adjetivos, verbos, etc., sino de una división mucho más general: las palabras variables e invariables, y las palabras léxicas y gramaticales. En este artículo nos ocuparemos de estas últimas.
Una explicación sencilla para esta distinción es que las palabras léxicas son aquellas que poseen denotación plena de forma independiente, es decir, las palabras que nos remiten a conceptos reconocibles. Las palabras gramaticales, en cambio, carecen de referente físico o procesual: su significado es abstracto y está determinado por la misma gramática. Se trata de elementos que determinan, unen o relacionan a las palabras léxicas para formar unidades de sentido mayores, como los sintagmas o las oraciones.
No hemos podido encontrar un ejemplo más claro y contundente de esta simbiosis palabra gramatical+palabra léxica.
Si no has quedado completamente epatado por la puesta en escena de este mágico momento televisivo, podrás observar que carro, como palabra léxica (o palabra con información léxica, para ajustarnos a los términos de la RAE), nos remite a un objeto concreto cuya representación mental compartimos. Podemos imaginarnos cómo era el carro de Manolo Escobar (suponemos que de una cierta calidad, porque si no, no se lo habrían robado). Todos sabemos lo que es un carro, una mesa, una pared o un perro porque son realidades de nuestro entorno, y aunque en la canción se hable de un carro muy concreto, no necesitamos haberlo visto para captar la referencia. Las únicas dudas que nos pueden surgir son:
1. Cómo de profundo era el sueño del señor Escobar para que le robaran el carro sin enterarse.
2. Si en algún momento recuperó el carro pero no consideró necesario hacer otra canción para informarnos de un hecho, sin duda, mucho menos poético.
3. Si el delito ha prescrito después de tanto tiempo.
Con la primera parte del sintagma nominal (otro día hablaremos de los sintagmas, que hoy no queremos liarte) Mi carro no sucede lo mismo. La palabra mi no tiene capacidad evocativa y carece de referente extralingüístico (vale, sí, es una nota musical, pero sabemos que ese no es su significado en este contexto). Su función, como determinante posesivo, es decirnos que el carro, efectivamente, es de Manolo Escobar, y que es Manolo Escobar quien nos dice que ese es su carro, porque si lo enunciara, por ejemplo, el primo de Manolo Escobar, diría "Le robaron su carro" (con lo que quizá la canción habría perdido parte de su fuerza expresiva).
Habíamos pensado en otro ejemplo muy claro para ilustrar este binomio palabra gramatical+palabra léxica, pero quizá era un poco soez y al final nos hemos decantado por el españoleo y la rumba. Era este.

Aun así, no podemos dejar de recomendar la lectura (no tanto la escucha) de la letra de este tema de Ele A El Dominio, que reproducimos solo en parte:
Baby, tú quieres cocaine
y yo no sé ni tu name
en mi cuarto de hotel
inhala a cuatro y empezamo´ el game
Otros ejemplos de palabras léxicas son los nombres propios, como el que titula este gran éxito de Ejecutivos Agresivos que fue canción del verano en 1980. El grupo del que saldrían proyectos tan icónicos como Gabinete Caligari, Derribos Arias o Décima Víctima se refería en este tema a una Mari Pili en concreto, pero, al igual que sucedía con el carro, no necesitamos conocer a esa Mari Pili (que quizá solo existía en la imaginación del compositor) para saber que se está refiriendo a una mujer (eso esperamos).
Pero las palabras léxicas no se limitan a los elementos físicos, como los objetos, los animales o los seres humanos. Entre ellas también se encuentran los verbos (todos tenemos una idea aproximada de lo que es comer, correr o vestirse) y los conceptos abstractos:
La desidia no tiene forma, ni cara, ni ojos, pero todos tenemos una idea aproximada de lo que es cuando escuchamos o leemos la palabra, al igual que nos sucede con la justicia, el aburrimiento, la valentía o la humildad. Quizá el filósofo Sócrates tendría alguna objeción sobre este asunto y con un poco de mayéutica nos demostraría que no tenemos ni idea de lo que en realidad significan estos conceptos, así que nos hemos puesto a investigar un poco sobre el que hoy nos ocupa.
La RAE define desidia como "negligencia, falta de cuidado". El término proviene del latín desidia, cuyos componentes son el prefijo de- que indica separación, inversión o identidad negativa y sidere, que significa sentarse o detenerse, lo que venía a sugerir algo así como "abandonar el puesto", es decir, dejar de hacer algo deliberadamente.
Otras fuentes nos dicen que la palabra no se forma con sidere, sino con sideris, que significa estrella o constelación. Parece que el término latino hacia referencia a la falta de atención a las estrellas, lo que en la agricultura romana implicaba un abandono de la planificación de siembras y cosechas según los ciclos astrales.

Sin duda nos parece más bonita esta segunda acepción, pero si algún experto latinista puede sacarnos de dudas, seremos todo oídos.
¿Y qué pasa con las palabras gramaticales?
Como hemos señalado antes, aportan significaciones abstractas, como la referencia, la pluralidad o las marcas sintácticas de función (si se te han olvidado todos estos conceptos porque en el instituto estabas a otras cosas y quieres ir asimilándolos poco a poco, no dudes en suscribirte aquí). Los artículos, los demostrativos, los pronombres y los indefinidos (también algunos adverbios, preposiciones, conjunciones y verbos, aunque existen ciertas polémicas a este respecto que siempre acaban en peleas callejeras de lingüistas) forman el conjunto de estas unidades gramaticales, que, contra todo pronóstico, sí son autosuficientes para funcionar como titulos de auténticos temazos.
Este trío de hermanos italouruguayos cuyo nombre respondía a las iniciales de sus nombres (Tony, Nelly y Tim) decían tienes eso que me tiene preso (adelantándose varios años a Mecano en el artificio poético de que una mujer cantara una letra como si fuera un hombre). En algunas partes del texto, eso se refiere a la juventud, en otros al amor, o incluso a algo intangible que no se puede definir con palabras. El caso es que, sin hacer referencia a otro concepto u objeto que se mencione en el discurso, la palabra eso, así, sin más, no nos dice nada.
Y el más difícil todavía: dos palabras gramaticales juntas: Más chulos que un ocho, nos traen el ejemplo los madrileños Hamlet. El veterano grupo se hacía esta pregunta existencial en su ya lejano (y un poco incomprendido, aunque a nosotros nos parece lo mejor de su producción) disco El Inferno. Y es que, sin un contexto previo, la pregunta ¿por qué? no evoca gran cosa...
También el verbo ser es una palabra gramatical, debido a que su contenido semántico es muy abstracto y depende de un atributo para completar su significado (ser idiota, por ejemplo). Aun así, puede servir para título de canción en sus diferentes conjugaciones, como estas dos, que podrían conformar un diálogo existencial minimalista (muy minimalista).
Las interjecciones también son palabras con función gramatical. Especializadas en la formación de enunciados exclamativos, sirven para comunicar sentimientos e impresiones, para poner de manifiesto diversas reacciones afectivas o para inducir a la acción. Son interjecciones uy, ay, vaya, uf o la que encabeza el título de esta canción. Sin duda, hemos dejado lo mejor para el final. Os invitamos a bucear en la producción de este excelso artista que atesora piezas musicales tan estimulantes como Soy guapo, Bien grandes o Duro dos horas. Su dominio del playback en este videoclip nos ha dejado con una interjección en la boca que ni nosotros mismos sabemos muy bien qué significa.
Y hasta aquí nuestro contenido de hoy, que no queremos dar demasiado la vara. Si te ha gustado, no dudes en compartirlo con tus amigos y parientes de cualquier grado. Y no olvides suscribirte a la lista de correo para no perderte ninguna entrega. Adjuntamos una playlist del batiburrillo que hemos desplegado en este breve artículo por si padeces esquizofrenia melómana.