Como decíamos la semana pasada, las palabras pueden clasificarse desde diferentes criterios. En el anterior artículo abordábamos una de las dos taxonomías básicas: las palabras léxicas y gramaticales. Y antes de complicarnos la vida con lo que es un pronombre, un determinante o una pasiva refleja, nos encargaremos de una distinción más sencilla. Las palabras variables e invariables.
Las palabras variables son aquellas que, como su nombre indica, pueden variar en cuanto a género y número. Variables suelen ser los sustantivos, los verbos, los pronombres, los adjetivos, los artículos y ciertos modificadores nominales. Hay tantos posibles ejemplos que no sabemos por dónde empezar. Por lo que sea, este es el primero que nos ha venido a la mente.
En este himno del despecho amoroso (que compite directamente con Ese hombre de la Jurado) encontramos dos sustantivos variables: patas (pata, pataza, patada) y rata (ratas, raticida, ratonera). La palabra dos, en rata de dos patas, tiene una función de determinante numeral cardinal, y por lo tanto es invariable, aunque en otros contextos puede funcionar como sustantivo (por el milagro de la sustantivación) y ser variable (la matrícula tenía tres doses).
Otra variante de rata, formada por sufijación, nos la trajo hace ya unos cuantos lustros nuestra más reciente diva eurovisiva.
Nótese cómo un simple sufijo puede cambiar por completo la connotación que le damos a una palabra. Ni qué decir tiene que el himno de Paquita la del Barrio sería cosa muy distinta en caso de titularse Ratita de dos patas.
Las palabras invariables son aquellas que no admiten flexión morfológica, y entre ellas se pueden encontrar los adverbios (nunca, allí, mal, bastante), las preposiciones (a, ante, bajo, con...), las conjunciones (y, pero, aunque...) y las interjecciones (¡oh!, ¡vaya!). Pero también encontramos algunos sustantivos que se mantienen impertérritos y nunca varían en género ni en número, pase lo que pase en la oración que los alberga. ¿Ejemplos? Crisis, tórax, lunes, dúplex, sinopsis, caries, campus, escoliosis, virus, tesis, análisis, cumpleaños... o la palabra que daba título a esta delicada melodía que los catalanes Ktulu aportaron a la banda sonora de El día de la bestia en el ya lejano 1995.
Los adverbios (como cerca o lejos) suelen ser invariables (aunque hay excepciones: cerquita o lejitos, por ejemplo). Pese a ser palabras tan poco fléxibles, Los DelTonos se las apañaron para coger dos de ellas (un adverbio de modo y un adverbio comparativo) y crear un título la mar de vacilón. Lo que queremos por aquí a este grupo es cosa de estudio.
Rosendo Mercado también tiró de adverbios para uno de los grandes éxitos de su carrera: ¡De repente!
Aunque en este caso se trata de una locución adverbial.
¿Que qué es una locución? Otro día nos pararemos en esta cuestión, que hoy se hace tarde, pero para dar una definición rápida, se trata de unidades léxicas formadas por dos o más palabras que funcionan como una sola pieza gramatical. Aquí, por ejemplo, de repente funcionaría como súbitamente o repentinamente, que sí son adverbios puros. Otros ejemplos de locuciones que usamos a diario: al tuntún, a contrapié, a quemarropa, cabeza de turco, chivo expiatorio, de mala muerte, ni corto ni perezoso, a diestro y siniestro, dar gato por liebre....
Fangoria también usaron una palabra invariable para uno de sus hits. Aquí los tenemos con la mismísima Sara Montiel.
Los adverbios acabados en -mente (absolutamente, aparentemente, científicamente, despiadadamente) son la pesadilla de los escritores. En todos los cursos de escritura son señalados una y otra vez como el mismísimo demonio, porque, dicen, son tan largos que rompen el ritmo del discurso y además son muy, muy feos. Obviamente (ahí va uno), no hay que abusar de ellos. Por ejemplo:
...se sentó tranquilamente para observar detenidamente cómo crecían lentamente los árboles...
A ver, esto no. Pero tampoco hay que volverse loco, porque a veces, para evitarlos, creamos circunloquios muy artificiales que le pueden quitar toda la veracidad a nuestro texto:
....se sentó de forma tranquila para observar de forma detenida cómo los árboles crecían de forma lenta...
Pues esto tampoco. Desde aquí abogamos por el uso racional de los adverbios acabados en -mente (y de todo en general). Nuestra solución al entuerto que nosotros mismos hemos creado podría ser:
....se sentó tranquilamente a observar con detenemiento cómo los árboles crecían despacio....
Y no pasa nada. No va a venir a detenernos la policía de los adverbios. En esta canción, por cierto, Nacho Canut parece rebelarse contra esta imposición no escrita de las reglas de estilo y nos endosa cuatro adverbios acabados en -mente (detallados al principio del párrafo) en un estribillo de cuatro versos. En este caso crea un artificio literario con un resultado brillante, pero, por si acaso, no hagáis como Nacho.
Seguro (segurísimo) que te estás preguntando si es posible que exista alguna canción con tres palabras invariables. Pues la hay. Siempre fieles a la grandilocuencia, nos la traen Héroes del Silencio. Nuestro grupo maño más internacional se marca este "...y para siempre", que es una maqueta de la canción "Parasiempre", incluida e su último disco de estudio, Avalancha. Seguro que pensaron ¿por qué no hacemos un título que contenga una conjunción cordinante copulativa, una preposición y un adverbio? Y al cabo de un rato Bunbury dijo "ya la tengo, pero para siempre es, en realidad, una locución adverbial". Y ahí se lio todo. Sospechamos que este pudo ser uno de los motivos de su separación. Sea como fuere, invitamos a su escucha (de la canción y del disco) a todo aquel que piense que Heróes solo era un grupo de pop blandito.
Ahora que tenemos claro este concepto de palabras variables e invariables, tenemos que hacer una puntualización. Ya hemos visto que hay una serie de sustantivos invariables (generalmente terminados en -s o en -x), pero hay otros sustantivos y adjetivos que son invariables únicamente en cuanto a número o en cuanto a género. He aquí un ejemplo cinematográfico de sustantivo invariable en cuanto a género con dos películas que no podrían ser más diferentes.


Aplíquese a toda clase de instrumentistas (cantante, guitarrista, trompetista, violinista) y otras profesiones (dentista, taxista, funambulista). Este tipo de sustantivos, además de profesiones, suelen referirse a atributos de la persona (demócrata, psicópata, víctima, homicida, turista, estudiante). Otro día haremos hincapié en esta cuestión de los géneros y los números, porque tiene mucha tela que cortar y hoy tenemos que sacar al perro (no olvides suscribirte aquí si quieres recibir tu dosis semanal de Gramática Pop), pero valga como adelanto que también hay adjetivos que presentan esta particularidad de ser invariables en cuanto al género. Son los adjetivos de una sola terminación, como feliz, fiel, salvaje, triste o este en el que nos vamos a detener:
En esta canción, Patrizia Yanguela, nacida en Suiza (donde pasó de ser publicista a exitosa influencer) pero de raíces dominicanas, nos regala uno de los mejores versos que la lírica popular le ha dedicado nunca a la eyaculación precoz.
Ay, papi, no hables tanto,
que te abren la puerta
y la gloria a ti
se te muere entrando
No se puede describir mejor. O sí. No podemos dejar de recomendar, si hablamos de eyaculaciones precoces y de problemas sexuales en general, esta novela del genial Ian McEwan, que narra de manera magistral los desencuentros de una pareja recién casada en la Inglaterra de principios de los 60.

Sirva como prueba de que precoz puede usarse también en femenino (y con un sentido, digamos, más inocente), este tema de Vainica Doble. El duo formado por Gloria Van Aerssen y Carmen Santonja, toda una rara avis en la historia del pop español, contaban en esta canción la historia de una niña prodigio caída en el olvido. Y como Carmen Santonja era la hermana de Elena Santonja, popular presentadora de "Con las manos en la masa", fueron ellas las encargadas (junto a Joaquín Sabina) de poner voz a la famosa sintonía del programa de cocina que los niños ochenteros escuchábamos a diario y todavía podemos recitar de memoria.
Solo nos quedan los adjetivos invariables en cuanto a número. Aquí la cosa ya escasea un poco más, pero hay ejemplos: antiniebla (faros antiniebla), extra (horas extra) o tipo (contratos tipo). Nosotros vamos a despedirnos con el adjetivo preferido de todo el mundo, ese que es capaz de convertirnos en glotones sin freno o acaparadores de cosas que no necesitamos, según en qué contexto se aplique. Nos estamos refiriendo, claro está, a GRATIS. Nos lo traen sin coste alguno el trio argentino (al que no sabemos muy bien cómo definir) Dum Chica.
Y esto es todo. La semana que viene seguiremos con más gramatica y más pop. En caso de que vayas a sufrir síndrome de abstinencia, puedes escuchar en bucle esta playlist hasta que aparezca una dolencia de mayor calibre.